martes, 17 de junio de 2014

EL UROGALLO PIRENAICO (Tetrao urogallus aquitanicus)





¡Hola a tod@s!



La nueva entrada que hoy me ocupa en este humilde blog, está dedicada a una de las aves más espectaculares a la vez que exiguas y emblemáticas de nuestra península ibérica. Se trata como no, del hechizante Urogallo pirenaico (Tetrao urogallus aquitanicus)

Existe en nuestro enfermo país, otra sub especie más amenazada si cabe, que se extiende por la cordillera cantábrica y entre Asturias y León. (Tetrao urogallus cantabricus) Poblaciones que si no se toman medidas efectivas de inmediato, están condenadas a la extinción, lamentablemente.

Es un ave ligada a entornos eminentemente forestales, a bosques de montaña y significa todo un reto para la conservación de sus hábitats, cada vez mas mermados por la presión humana. Son los prisioneros del bosque, como los denominó en su día el Dr. Félix Rodríguez de la Fuente.

Se trata de un animal sedentario, es decir, permanece en la península durante todo el año, aunque no es nada fácil poder observarlo fuera de la época de reproducción.

Es precisamente en este periodo, en primavera, cuando cobra su mayor y espectacular actividad, tornando sus hábitos arborícolas por los terrestres, y siendo posible observar su extraordinaria conducta, sobre un impresionante escenario en pleno bosque, que te trasporta casi a otros tiempos.

Consiste el celo del Urogallo, en unos rituales de lo más llamativos y parece ser que rigurosamente jerarquizados, siendo los machos más viejos y poderosos los que se hubicarán en el centro del cantadero, mientras los más jóvenes ocuparán los extremos, los sitios con menores probabilidades de cortejar a una hembra. Con una serie de sobrecogedores sonidos casi ultrasónicos, acompañados de unas posturas chulescas y desafiantes, extenderán la cola en forma de abanico, dejarán caer las alas y no dejaran de hinchar las plumas del buche, emitiendo el característico redoble acompañado del taponazo, mientras se pavonean con la mas dominada técnica de la galantería, con el fin de atraer a sus dominios a las preciadas hembras y poder copular con ellas para perpetuarse. Sólo llegaran a los vistosos y ritualizados combates, cuando dos machos coincidan en una determinada zona de su terreno y las primeras fases intimadatorias, no hayan resuelto quién es el más poderoso, el mejor adaptado. Es entonces cuando la pelea está asegurada, e intentarán darse unos potentes aletazos mientras saltan, tratando de clavarse los espolones. El vencedor, se ganará el derecho de las hembras y el vencido, se retirará de la zona del combate, esperando alguna oportunidad desaprovechada por los gallos más fuertes, si es que la hubiere.





Canon EOS 1D Mark III y 100-400 mm f 4.5-5.6 IS USM.   1/160 seg   f 5.6   ISO 800   -0.3 ev   a 365mm.   Hide


Esta especie, tiene un dimorfismo sexual muy acusado siendo los machos muy diferentes que las hembras. Estas, son bastante menos espectaculares y más pequeñas, de unos colores pardos, que le otorgan el mimetismo o camuflaje necesarios para la crianza de los polluelos, ya que llevan a cabo todo el vital proceso de reproducción solas, y lo hacen en el suelo.

Pondrán entre seis y diez huevos depositados en una pequeña depresión del terreno, que tapizarán con vegetación de la zona y generalmente, lo harán al pie de un árbol. Incubarán durante un periodo aproximado de cuatro semanas, tras el cual nacerán los pollos de naturaleza nidífuga. Esto significa que los pollos, inmediatamente después de romper el cascaron, abandonarán el nido para ser conducidos por su madre a lo mas frondoso del amenazado bosque, donde comenzarán a alimentarse con algunos frutos silvestres y principalmente de insectos como la hormiga.

A pesar de lo numeroso en la puesta, esto no debe de llevar a engaños pues el éxito en la supervivencia de los frágiles pollos es sumamente bajo, llegando al primer año de vida menos de un veinte por ciento, de manera que la supervivencia de la especie se consigue gracias a la longevidad de los adultos.

Además, no es el único problema con el que cuenta esta especie de tetraónida, ya que cada vez es mayor el número de sus depredadores naturales, que van desde la pequeña Marta hasta el gran Jabalí, pasando por el espabilado zorro y otros muchos. Me refiero a la predación de los nidos.

A esto hay que añadirle las molestias que sufren estas aves durante el riguroso invierno, el momento más crítico de sus vidas, ya que cualquier esfuerzo extra, tratando de escapar de sus peligros, hace que consuman de manera acelerada sus escasas reservas con las que cuentan para pasar la dura estación, y corren el peligro de morir por debilitamiento.

Tenemos el deber y la obligación de proteger primero, sus bosques, y después a esta mítica especie.



Para conseguir fotografiar a esta delicada especie, ni que decir tiene que he tenido que contactar con profesionales dedicados en este proyecto ya que de cualquier otro modo, viviendo a cientos de kilómetros del Urogallo más cercano, me hubiera resultado del todo imposible.

Hoy en día, existen empresas especializadas como Wildwatching Spain, que con la colaboración de grandes profesionales y auténticos maestros de la materia, como Javi Montes, hacen posible la realización de este tipo de sueños para un ser como yo.





Canon EOS 1D Mark IV y 400 mm f 2.8 USM.   1/800 seg   f 5   ISO 800   -0.3 ev.   Hide







Pasado el medio día, a eso de las cuatro, estoy ya en Vielha, provincia de Lérida, puntual como un reloj, donde he quedado con el que será mi guía durante el resto de la tarde y parte de la mañana del día siguiente.

He llegado recreándome con los apabullantes paisajes que ofrece el entorno, masas forestales como pocas he visto, riachuelos puros que empiezan su razón de ser en las escarpadas cumbres pirenaicas, lagos de color turquesa que forman un conjunto, capaces de erizar hasta los pelos de la barba cuando uno contempla semejante espectáculo natural por primera vez.

Tras el bistec con patatas fritas y su correspondiente guarnición que me metí entre el pecho y la espalda antes de quedar con el Aranés Javi, enseguida fui a su encuentro en el lugar acordado, para comenzar a recorrer el escaso trayecto en coche que nos llevaría al inmenso bosque de Pino negro donde intentaremos conseguir nuestro objetivo, fotografiar al gran Urogallo pirenaico. Todavía quedaba una dura ascensión entre la maraña de pinos antes de llegar al paraíso de las aves, su cantadero, un clarete de bosque en lo alto de la montaña, con las faldas aún nevadas.

Con el liviano equipaje a cuestas, comenzamos la ascensión sin saber cuándo acabaría aquella tortura para mis maltrechas rodillas. Había que superar un desnivel aproximado de 225 metros en un escaso kilómetro, pero que kilómetro. Mi salvación era el espectacular bioma que nos rodeaba y que cada vez que parábamos para coger aliento, te animaba a seguir adelante, hasta donde hiciera falta.
 El ligero equipaje, comienza entonces a convertirse en un gran lastre que hay que soportar a toda costa. Un lastre de 32.5 kgs de aperos tecnológicos y de supervivencia, pesados expresamente a mi retorno del viaje, en la báscula de casa de mi abuela, ya que tenía una gran curiosidad de saber mis límites. Menos mal que el hide ya estaba colocado allí porque si me toca llevarlo a mí, no sé cómo lo hubiera hecho.

Por fin, comenzamos a divisar los pequeños hides portátiles, colocados estratégicamente por el cantadero con anterioridad, para preservar la intimidad de las aves. Esa era la señal de que habíamos llegado y al menos a mí, se me quitó un gran peso de encima, literal.

Enseguida, una vez elegida la ubicación de cada uno, comenzamos a meter nieve en el interior de los hides ayudados por palas, con el fin de hacer un suelo compacto y regular, donde poder pasar la noche, a algo más de 2000 metros de altura, con mayor comodidad.

Una vez terminado el acondicionamiento de los hides, cada mochuelo a su olivo. Nos metimos cada uno en el nuestro, aun temprano y a plena luz, para esperar con impaciencia a todo lo que se pudiera desarrollar en esa pequeña parcela de bosque.

Comienzo a tomar las medidas al habitáculo cual animal por primera vez enjaulado y paso los minutos escribiendo mi pequeña crónica, lo que hasta ahora estaba dando de si la intensa experiencia, en mi inseparable cuaderno de campo, entre otras muchas cosas que daban tiempo de hacer.

 Los nervios me atenazan y no dejan paso al apetito y si bien dispongo de comida, no pruebo bocado hasta la noche del día siguiente. Caprichos de la tensión acumulada.

El sol empieza a esconderse dejando paso a la noche, y en el silencio más absoluto, pronto se empiezan a dejar sentir los primeros fantasmas del bosque, los prisioneros de éste, los machos de Urogallo.
Todas las peripecias necesarias para estar aquí, en este momento y en este lugar, empiezan a cobrar ahora sentido, y te olvidas de todo para intentar no perderte ningún detalle, ningún sonido.

Os puedo asegurar sin temor a equivocarme, que la primera vez que escuchas a uno de nuestros últimos Urogallos, te quedas petrificado ante el espectáculo acústico que emiten de sus poderosas gargantas.

Para verlo, aún tendría que esperar unas cuantas horas más. Una larguísima espera ya que como presentía, no podía pegar ojo con la tensión del momento y con la incertidumbre de lo que acontecería con el alba.

Muchas emociones a la vez en la cabeza, incapaces de procesarlas todas por las escasas neuronas de que dispongo.

Por fin llegó el momento y empieza a clarear en lo tupido del bosque. Por la noche, dejé uno de los trípodes ya colocado con su respectiva maquinaria de hacer fotos, la más pesada, para no tener que hacer ningún ruido o movimiento extraño que pudiera delatar mi presencia en el lugar. El otro trípode, lo coloco nada más salir del saco de dormir y ponerme las botas de campo, a las cinco de la mañana, intentando captar otras prespectivas del cantadero.

El nerviosismo se acentúa desproporcionadamente cuando empiezo a ver corretear las primeras siluetas entre los troncos de los pinos y por más que trato de relajarme, soy incapaz de conseguirlo. La situación me desborda y ya no sé a dónde mirar. No tiene nada que ver a lo que uno está acostumbrado, un escenario mejor o peor trabajado y a más o menos medida de las circustancias. Esto es completamente distinto. Caza fotográfica en estado puro diría yo. Tú no controlas nada, ni el escenario, ni por donde se moverán las aves, tampoco la escasa claridad, sabes que no te volverás a ver en una como éstas en mucho tiempo, ni siquiera la accidentada orografía del terreno ayuda, pero esto es la magia de esta agradecida afición y lo que en definitiva, genera la adrenalina del momento, y te hace poner a prueba, al individuo primero, y al equipo fotográfico después.





Canon EOS 1D Mark IV y 400 mm f 2.8 USM.   1/160 seg   f 2.8   ISO 1000.   Hide




 En estos momentos, descubro de un plumazo todas mis carencias en lo relacionado a la fotografía de fauna salvaje, pero estoy aquí y tengo que intentar sacar el máximo de lo que dispongo.

Los gallos de monte siguen con su frenética actividad, ajenos a los movimientos de las cámaras. Mientras, intento inmortalizar esas poses guerreras y con el paso del tiempo, empiezan a divisarse a las primeras hembras, atraídas por el cortejo y los sonidos de los potentes machos, con el fin de buscar un buen ejemplar, un ejemplar fuerte con el que aparearse y traer al mundo a la nueva generación de Urogallos.

Yo no sabía ya, si aquello estaba pasando en realidad o estaba viviendo un sueño del que no quería despertarme pero pronto, me di cuenta de que la realidad, supera en ocasiones a la ficción. Tenía entonces una hembra frente a mí, algo lejana y tapada por uno de los numerosos árboles, siendo perseguida por un galante y encelado macho. De pronto, en una carrera fulgurante que no supe prever, se plantaron a escaso metro y medio de mí, de mi hide, y me quedé paralizado por temor a ser detectado a tan corta distancia. Tenía a escasos centímetros, la pareja de una de las más emblemáticas aves de nuestra península y yo sin saber que hacer. Finalmente decidí no correr el riesgo y quedarme inmóvil. Eso sí, sin perder detalle de lo espectacular de la especie, sobre todo del macho.
 Pocos segundos permanecieron y pude volver a recobrar el aliento.

A lo largo de la jornada, tuve varias ocasiones de documentar algo decente, al menos para mi, aunque bien me hubiera gustado traerme muchas más fotografías.





Canon EOS 1D Mark III y 100-400 mm f 4.5-5.6 IS USM.   1/160   f 5.6   ISO 1000   -0.3 ev.   Hide




Con el avance imparable del tiempo, que se esfumó en un abrir y cerrar de ojos, la actividad en el cantadero empieza a descender por ese día y los recios Urogallos, comienzan su retorno a lo intrincado del bosque buscando la seguridad. 
Aún tendría que pasar una hora larga desde que se marchara el último ejemplar, para poder salir de los escondites sin causar ninguna molestia en este periodo tan crítico para la especie.

Javi, que es un profesional como la copa del pino donde cantan los Urogallos, sabe bien elegir el momento adecuado para comenzar el descenso hasta el coche y tan rápido como nos fue posible, abandonamos el lugar montaña abajo, con el dulce sabor de haber sido testigo directo de un de los espectáculos más grandiosos de nuestra fauna salvaje.

Hay que tener cuidado de no tropezarse durante el descenso pues la inercia en esa situación, puede ser fatídica, pero obviamente este es mucho más rápido y relajado que la subida.

Llegamos al coche y la aventura fotográfica va tocando a su fin. 

Bajamos de nuevo a Vielha donde pudimos tomar una merecida cervecita fresca mientras cambiábamos impresiones. Después, Javi tuvo el detalle de enseñarme algunos de sus trabajos impresos en papel, y sinceramente, me quedé embobado con la calidad en la ejecución de sus fotografías. 

Sin tiempo para más, me hubiera encantado quedarme toda la vida, tocaba la hora de la despedida y ponerme de nuevo rumbo al pueblo. Aún quedaban unas etresantes nueve horas para llegar.

La cara de imbécil que llevaba uno en el coche, ya en el regreso, era de sobresaliente.

Poco me importaban entonces los 1632 kms devorados en 17 horas y 20 minutos, ni el cansancio relativo acumulado. Sólo quería llegar a casa de mi abuela para pesar todo el equipo y contarle que estaba vivo, que lo había superado. La pobre se quedó de lo más disgustada cuando me fui, pero ha de saber, que mala hierba nunca muere.

Esa noche, ya más relajado, me puse a comer Pizza hasta que me harté.

Luego, a la camita a descansar, con una botella de agua fresca de litro y medio para mitigar los ardores de estómago que produce la salsa barbacoa a esas horas y la verdad, caí rendido y descansé como nunca.

Quiero agradecer a mi familia el aguante que tienen con migo, por permitirme hacer este tipo de locuras. Sin ellos, no me hubiera sido posible.

A la empresa Wildwatching sus servicios prestados y a Javi Montes, su profesionalidad y disponibilidad en todo momento para aclararte cualquiera de las muchas dudas que a uno le iban surgiendo.

Os dejo como siempre con algunas de las fotografías conseguidas y un pequeño texto del Dr: Félix Rodríguez de la Fuente sobre esta especie en particular y que cada uno saque sus propias conclusiones.



Un saludo y hasta la próxima.






Canon EOS 1D Mark IV y 400 mm f 2.8 USM.   1/500 seg   f 2.8   ISO 640   -0.3 ev.   Hide




El Urogallo no solo es tema de estudios ornitológicos. En los últimos tiempos, se ha transformado en polémica noticia de los periódicos. Y es justo que millares de voces proteccionistas se hayan alzado a favor del místico gallo de bosque. Porque difícilmente puede concebirse una criatura que sintetice el misterio, la solemne belleza, la récia melancolía del bosque cantábrico como el Urogallo.
Respetamos y comprendemos  la pasión ancestral de la caza. Pero todo buen cazador es implacable en el respeto a su propio código de disciplina venatoria. Ya se han matado bastantes Urogallos. Ya hay suficientes trofeos decorando salones y bibliotecas de nuestros pro-hombres. Permitamos que el resto de nuestras tetraónidas disfruten de lo poco que les queda de sus últimos paraísos ibéricos. No olvidemos que los Urogallos españoles, tanto los pirenáicos como los cantábricos, particularmente estos últimos, son poblaciones aisladas, restos cuaternarios de un grupo ornítico que prosperó en las taigas glaciares y permanecen prisioneros de nuestros bosques de montaña, con el mismo valor prehistórico y paleozológico que puedan tener las pinturas de los bisontes de Altamira. Con la particularidad de que los urogallos están todavía vivos.


Dr: Félix Rodríguez de la Fuente        (hace más de 34 años)





Canon EOS 1D Mark IV y 400 mm f 2.8 USM.   1/1250 seg   f 4.5   ISO 800   -0.7 ev.   Hide












Canon EOS 1D Mark III y 100-400 mm f 4.5-5.6 IS USM.   1/100 seg   f 5.6   ISO 640   a 400mm.   Hide










Canon EOS 1D Mark III y 100-400 mm f 4.5-5.6 IS USM.   1/100 seg   f 5.6   ISO 800   +0.3 ev   a 400 mm.   Hide









Canon EOS 1D Mark IV y 400 mm f 2.8 USM.   1/400 seg   f 6.3   ISO 800   -1 ev   Hide












Canon EOS 1D Mark III y 100-400 mm f 4.5-5.6 IS USM.   1/200 seg   f 5.6   ISO 800   -0.3 ev   a 400 mm.   Hide












Canon EOS 1D Mark III y 100-400 mm f 4.5-5.6 IS USM.   1/160 seg   f 5.6   ISO 800   -0.3 ev   a 400 mm.   Hide









Canon EOS 1D Mark IV y 400 mm f 2.8 USM + extender 1.4x.   1/400 seg   f 6.3   ISO 640   -0.3 ev   Hide










Canon EOS 1D Mark IV y 400 mm f 2.8 USM.   1/1000 seg   f 4.5   ISO 800   -0.7 ev   Hide










Canon EOS 1D Mark III y 100-400 mm f 4.5-5.6 IS USM.   1/160 seg   f 5.6   ISO 800   -0.3 ev   a 365 mm.   Hide










Canon EOS 1D Mark III y 100-400 mm f 4.5-5.6 IS USM.   1/160 seg   f 5.6  ISO 800   -0.3 ev   a 400 mm.   Hide










Canon EOS 1D Mark III y 100-400 mm f 4.5-5.6 IS USM.   1/160 seg   f 5.6   ISO 800   a 350 mm.   Hide









Canon EOS 1D Mark IV y 400 mm f 2.8 USM + extender 1.4x.   1/200 seg   f 6.3   ISO 640   -0.3 ev.   Hide







Canon EOS 1D Mark III y 100-400 mm f 4.5-5.6 IS USM.   1/160 seg   f 6.3   ISO 640   a 400 mm.   Hide








Canon EOS 1D Mark III y 100-400 mm f 4.5-5.6 IS USM.   1/160 seg   f 5.6   ISO 800   -0.3 ev   a 400 mm.   Hide









Canon EOS 1D Mark III y 100-400 mm f 4.5-5.6 IS USM.   1/500 seg   f 5.6   ISO 800   -0.3 ev   a 400 mm.   Hide








Canon EOS 1D Mark III y 100-400 mm f 4.5-5.6 IS USM.   1/160 seg   f 5.6   ISO 800 -0.3ev   a 400 mm.   Hide










5 comentarios:

  1. Buenas Carlos.
    Vaya pedazo de entrada, que fotos y que bien documentada está.
    Es una de las aves a las que más ganas le tengo y aunque me he plnteado hacer lo que has realizado tú de momento no me he lanzado.
    Como te comentaba antes las fotos son increibles, algunas de ellas con machos y hembras sensacionales.....
    En fin que te envidio mucho esta experiencia.
    Si no te importa daré publicidad a tu blog, puesto que veo que no tienes muchos comentarios y creo que es una entrada que lo vale.
    Un abrazo muy fuerte

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  2. Hola Jesús.
    Antes de nada, animarte a vivir la experiencia Urogallil que por lo poco que se de ti, seguro que no te deja indiferente. Respecto al blog, claro que no me importa que lo publicites, faltaría mas.
    Agradecerte también tus palabras, para mi son un gran alago viniendo de una persona como tu y máxime, cuando son las únicas que he recibido pero en fin, uno no tiene muchos colegueos en este mundo ni sigue enfervorecidamente a nadie en particular que es lo que creo que parece dar los comentarios. O eso, o soy un manta, que también...
    Un cordial saludo y gracias nuevamente por tu participación.

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  3. Buenas Carlos de nuevo.
    Pensaba que habrías subido alguna otra entrada espectacular en el blog pero veo que no ha sido así.
    Yo la verdad es que el blog lo utilizo por que me encanta hacer las entradas, no tanto por quien va a verlo. de todas formas si quieres que sea más visible con subir alguna foto a Facebook y agregar el link del blog ya lo visitará más gente.
    Creo que merece la pena sólo por ver la entrada de los urogallos.
    Un abrazo muy fuerte

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  4. Que tal Carlos pedazo entrada te has marcao, bien documentada y unas fotos de las tuyas (muy buenas) sin peloteo ya sabes que me gusta mucho lo que haces he caído aquí desde la pagina de biodiversidad virtual por casualidad, no te había visto estas fotos pero son de envidia un abrazo Carlos.

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  5. Por si fuera interesante o de utilidad para ti, para tus compañeros de rutas o para los lectores de tu web, tengo publicado el blog plantararboles.blogspot.com
    Un manual sencillo para que los amantes de la naturaleza podamos reforestar, casi sobre la marcha, sembrando las semillas que producen los árboles y arbustos autóctonos de nuestra propia región.
    Salud, José Luis Sáez Sáez.

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